Aprilia RS 125

Hola a todos/as.

La historia de la Aprilia RS 125 es la historia de mi segunda moto. La primera con matrícula de verdad. Eso no era un ciclomotor. Aunque pequeña, eso ya era una MOTO!

La historia es un poco como la continuación de la Derbi, ya que, aunque tuve las dos durante unas semanas, no tardé en vender la Senda para dejar paso a su sucesora.

Estamos en el año 2000.

Junio. Acabo de terminar el curso de 2º de bachillerato. 9 suspensos. Ha sido un curso de muchas campanas, mucho colegueo con los compañeros de clase y muchas horas de dar gas a la Derbi (cuando debería estar en clase).

Me esperaba un verano duro currando en el almacén otra vez. Mi padre estaba muy enfadado con mis 9 suspensos y yo solo tenía motos en la cabeza. Dos para ser exactos. La R1, de la que estuve locamente enamorado desde que nació en el 1998, y la Cagiva MITO 125. El verano avanzaba y en mi cabeza se fue tramando algún que otro plan maléfico. El conocer a gente con motos mayores durante el año anterior no ayudó demasiado a calmar mi obsesión de querer una 125.

Por aquel entonces en el mercado había algunos modelos muy atractivos de 125. Yo me centré en 3. Honda NSR 125, Aprilia RS 125 y Cagiva Mito 125. Aunque tuve algunas dudas entre la Aprilia y la Cagiva, la Mito me tenía fascinado con su estética copiada de las Ducati 748 o 998 de la época.

Vamos al ataque!!

Se acercaba Septiembre y yo ya tenia claro mi plan. El problema era vendérselo a mis padres. Hablé con el encargado del almacén y le pregunté si me podría quedar todo el año trabajando, aparcando los estudios momentáneamente, hasta ganar el dinero suficiente para pagar una maravillosa Cagiva Mito 125. El encargado dijo que por él no había problema, pero que antes de hablar con recursos humanos, hablaría con mi padre para dar el visto bueno. ¿A ver como le explico yo a mi padre que dejo un año los estudios para comprarme una moto…?

El tiempo apretaba y tenía que buscar la manera de explicarle mi plan a mis padres, pero tenía que hacerlo de forma suave y buscando alguna excusa. A finales de Agosto hablé con ellos y les expliqué que se me había pasado el periodo de inscripción en el instituto para el curso y ya no había plazas. Así que había pensado que podría quedarme en el almacén un año y así no perdía el tiempo sin hacer nada productivo, con la intención de retomar los estudios el año siguiente.

Hubo bronca. Mi padre nunca se creyó que volvería a estudiar y ambos se llevaron una gran decepción. Tenían claro que su hijo pequeño se acostumbraría a cobrar un sueldo cada més y no querría volver a estudiar jamás. Esto no fue todo. Mi padre alegó que lo de estar todo el año en el almacén no sería tan fácil. Habría que ver si se necesita a alguien, si los jefes lo veían claro etc… Pero esos cabos yo ya los tenía atados hacía semanas.

La travesía del desierto.

El año 2000 se va acabando. Yo sigo con mi trabajo. Ahorrando y apuntado a la autoescuela sacándome el A, con la mente fija en mi objetivo. A principios del 2001  leí que Cagiva tenía problemas. No se exactamente de que tipo (imagino que financieros), pero que habían dejado de producir momentáneamente las Mito 125. Eso era inaceptable para mí. Había movido cielo y tierra para conseguirla, como para que ahora dejaran de hacerla. Corrí hacia el concesionario Cagiva de Terrassa para informarme. El dueño me ratificó la situación y me dijo que el parón de producción no era definitivo, pero que por motivos “X” en ese momento no se hacía, y el “stock” estaba totalmente agotado. Era imposible encontrar una Mito 125 nueva. El hombre, como buen vendedor, me dijo que si le dejaba una paga y señal, la primera que le llegara sería para mí.

Como en esa época mi vida se encontraba inmersa en una obsesión enfermiza, le dí al señor de Cagiva 100.000 pesetas y creí (iluso de mí) que la moto llegaría en 1 o 2 meses como mucho, tal y como me lo vendió el hombre.

Pasaron los meses y la moto no llegaba. Yo ya estaba desquiciado y quería una 125. A medida que iba saliendo de la tienda Cagiva una y otra vez, con una decepción cada vez mayor en mi interior, se me iba borrando la ansiedad por la Mito y cada vez valoraba más la opción de la Aprilia RS 125. Hasta que un día de Marzo de 2001, volví a ir al concesionario a ver si había sonado la flauta y veía mi flamante moto, cosa que no ocurrió, y le dije al señor Cagiva que ya no quería la Mito. Quería una Aprilia, que la entrega era inmediata, pero me la quería comprar en otra tienda ya que me sentí un poco engañado por su parte por la cantidad de veces que me dijo que la moto llegaría pronto, pero nunca llegó. Hubo una pequeña conversación para que me devolviera la paga y señal (la mediación de mi padre funcionó a la perfección) y me fui con mi Derbi Senda a mi casa a buscar dónde me compraba la RS 125.

RAMOTO

Cosas de la vida, volví por unas calles por las que no solía pasar, y me encuentro con una tienda/taller de motos nueva con una Aprilia RS 125 amarilla en el escaparate. Yo alucinaba. Paré inmediatamente y me metí en la tienda. Me atendió Ramón. Un tipo con el que después entablé una buena y larga relación cliente-mecánico. Le expliqué mi historia y me dijo que viniera al día siguiente, que tendría allí el modelo en rojo, que es el que me gustaba.

Así, en Marzo de 2001 conocí la que sería mi primera moto con matrícula de verdad, con la que conocería a bastante gente y seguiría aprendiendo a ir en moto, paso a paso, peldaño a peldaño, como creo que debe hacerse.

A la RS la mimé como si fuera una joya de museo. Le hice un rodaje exhaustivo y de libro, le ponía el aceite más caro que había, nunca la apretaba en frío, la tenía siempre limpia, preciosa e impoluta. Hasta me dejé un pastizal en un “arrow” con el que sonaba de “competi” total!!!

Pero la Aprilia no me lo agradeció, y un día de finales de Junio, con solo 3.800 kilómetros y unos 3 meses de vida, de golpe, acelerando a fondo, noté unos porrazos muy fuertes debajo del depósito y una pérdida drástica de potencia, hasta que la rueda trasera se clavó de golpe. Por suerte fui rápido de reflejos y pude apretar el embrague y no ser escupido por orejas, así que todo se quedó en un susto… y mi moto gripada.

Una vez la moto estaba en el taller y más que diagnosticada, hablé con Ramoto (ese era el nombre del taller de Ramón) y decidí arreglarla, pero no sacarla ya del taller. El tubo “arrow” se vendió por un lado, y la moto se quedaría en el taller, donde Ramón tenía una amplia exposición de motos de segunda mano, hasta que un chico se encaprichó de ella y se la quedó.

En esa misma exposición de motos de Ramoto estaba la que sería mi próxima moto. Mi primera 4 tiempos. Adivináis cual fue?

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Yo lo se???. Las motos pequeñas tienen un gas “on-off”

    1. Domingo !! Sisisi, ya se que lo sabes… jajajaj era roja?? Entonces tu tenías una CBR600…

  2. Más vale que tus padres no lean el blog….. aunque haya pasado bastante tiempo seguro que lo recuerdan como si fuera ayer. A esas edades si no hay moto parece que el mundo se acabe…. Lástima que la Aprilia no se portara bien era una moto con una parte ciclo buena.

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