Honda CBF250

Hola a todos/as.

La historia de mi cuarta moto es la historia de la moto a la que más quilómetros le he hecho.
Se trata de una Honda CBF250.

Situémonos en el tiempo.

Me encuentro en el año 2005. Se acerca junio y estoy terminando el segundo y último curso de mis estudios de mecánica en la escuela Monlau de Barcelona. Mi intención para septiembre es empezar una ingeniería en la universidad de Manresa.

Sigo con la SV650S como único vehículo para moverme y voy un poco “pelado” de dinero. Quiero un vehículo barato de mantener y fiable. La Suzuki no consume demasiado (conducción normal), las revisiones se las hacía yo, pero el seguro y las ruedas me costaban un dinero que necesitaba para pagar la universidad.

Lo consulté varias semanas con mi almohada y decidimos vender la SV y buscar una moto acorde a mis necesidades de ese momento.
Con la nueva moto tendría que hacer a diario el trayecto Terrassa – Barcelona, unos 70 quilómetros ida y vuelta.

Vendí la Suzuki en julio por 3000 Euros, con los que tenía que comprar la nueva moto.

Busco moto.

Ramoto había cerrado y ya no podía contar con el consejo de Ramón, ya que se marchó de la ciudad (y de hecho, no he vuelto a saber de él).

Me dirigí a la tienda de la que seis años antes salí con mi primera moto. Derbi Vilaplana de Terrassa. Allí había la Senda 125. La hermana mayor de la Derbi que ya tuve. La moto no gastaba nada, ni gasolina ni ruedas, el seguro me saldría baratísimo… pero quizá el motorcito de 125 c.c. era demasiado pequeño para tantos quilómetros diarios.

Remordimientos.

En ese momento pensaba en la SV, y me sentí triste. Solo me consolaba pensar que llegarían tiempos mejores y podría volver a tener una moto “gorda”, como las que tanto me gustan.

Explicándole al sr. Vilaplana el uso que le iba a dar a la moto, me comentó que Honda había renovado por completo su veterana CB250 Two Fifty y ahora se llababa CBF250.

Sinceramente no sabría decir si el sr. Vilaplana pretendía vendérmela él o solo intentó darme un consejo. El hecho es que salí de su tienda y fui directo al concesionario Honda Castellví de Terrassa (éste también está cerado hace años…). Vi la CBF y me pareció que me iría bien para el uso que le iba a dar. Me la compré.

Honda, the power of dreams…

La primera sensación al salir de la tienda con ella fue triste. Tan triste que creo que quise llorar… Para empezar la CBF no frenaba nada de nada. La moto estaba duchada de un aceite que ponen a las motos nuevas para evitar la oxidación de los materiales durante el transporte etc… Por suerte en la rueda trasera tenía tambor y no disco de freno, sino me como la primera rotonda. Luego se arregló con el paso de los quilómetros y un par de lavados.

El motor, a pesar de que ya sabía que no tenía nada que ver con el bicilíndrico de la SV, me decepcionó tremendamente. No corría nada. Matizo que en rodaje no podía pasar de 4 – 5 mil rpm, y en un motor pequeño de apenas 20cv, ahí no hay nada, por mucho que busques. Más adelante, y una vez hecho el rodaje, la cosa mejoró. Al pequeño monocilíndrico había que subirlo de vueltas para hacerlo feliz y que empujara “algo”.

A partir de ese momento solo podía mejorar.

Optimismo.

Y lo hizo. Poco a poco me fui acostumbrando al ronroneo del monocilíndrico, a su buena parte ciclo, y bajando alguna que otra carretera sinuosa, me lo llegué a pasar bien. Las grandezas de ésta moto eran su consumo de 3,5 litros, ruedas cada 20 mil quilómetros y fiabilidad mecánica. Remarco que con fiabilidad mecánica me refiero al hecho de no dejarte tirado en cualquier lugar, porque la moto no iba precisamente fina.

Con el tiempo descubrí otras personas con el mismo modelo y la misma situación. Había problemas para dejar el ralentí en su sitio. Si en caliente lo ajustabas, en frío la moto no arrancaba, o se calaba continuamente. Y si lo intentabas ajustar a la inversa, el ralentí en caliente se quedaba a 3 o 4 mil rpm… Un quebradero de cabeza. Eso sí, funcionar, siempre funcionaba, aunque renqueando y a trompicones…

Pasaron los años siendo mi compañera de trayectos. Trayectos urbanos e interurbanos por la zona donde vivo. Hasta que conocí a Aleix. Nos conocimos en un restaurante donde trabajábamos los fines de semana mientras compaginábamos con los estudios.

Viajes.

Aleix tenía otra CBF250 exacta a la mía. Y el verano de 2008 decidimos recorrer el norte de España con ellas.

No teníamos demasiado dinero, así que decidimos ir de camping. Yo tenía una tienda “2 seconds” de esas que venden en el Decathlon y se montan lanzándolas al aire, así que uno cargaría con todo el equipaje, y el otro se pondría la tienda a modo de mochila. Teníamos que ir cambiando el rol de mochilero porque el que llevaba la tienda, gastaba como 2 litros a los 100 km más de gasolina que el otro. Los que sepais de que tipo de tienda hablo, os podeis imaginar que al que le tocaba llevarla, parecía una auténtica tortuga ninja montando en moto.

El viaje fue genial. Las motos se portaron bien, y descubrimos que con motos pequeñas podíamos ir de Terrassa a los picos de europa (Asturias) sin problemas.

En 2011, recordando el viaje con Aleix, decidimos que llevaríamos a pasear a las CBF por Europa.

G.P. de San Marino de Moto GP

Así fue como se inició el viaje al GP de San Marino (Italia). La ida era directa, saliendo un jueves y llegando el viernes a las cercanías del circuito, donde teníamos hotel para viernes y sábado. La vuelta tenía que ser más divertida.

El domingo, al acabar el GP, enfilamos hacia el norte, para hacer noche en Verona, con el diluvio universal sobre nuestras cabezas. La semana siguiente, de lunes a domingo, hicimos ruta pasando por el paso de Stelvio (Italia), St. Moritz (Siuza), Chiavenna (Italia), Andermatt (Suiza), Martigny (Suiza), Grenoble (Francia) y finalmente Terrassa. Brutal.

Aguanté la CBF hasta 2014. Se la vendí a un compañero de trabajo por 300 Euros con más de cien mil quilómetros.

Pero antes de vender la CBF, en 2009 llegó otra moto. La quinta. Adivinais cual fue?

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Queremos fotos de esa CBF!!!

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