KTM Superduke 1290 R

Hola a todos/as.

La historia de la Superduke, es la de la moto más salvaje que he tenido la oportunidad de llevar.

Me encuentro a finales del 2014. Hace unos meses que no tengo moto, ya que la R1 la vendí. Tengo claro que voy a comprar una moto, pero no tengo ni idea de cual, ni de que tipo, ni nada de nada.

Cabeza en Noruega

En esos momentos tenía la cabeza puesta en un viaje que estábamos planeando con dos amigos. Un viaje en moto, por supuesto. Precisamente fue en una revista que me dio Santi, en la que había un artículo sobre cosas imprescindibles que hay que llevar en un viaje en moto. Me llevé la revista a casa y leí el artículo, tomando nota de los buenos consejos. No pude evitar mirar todo el contenido de la revista. En portada se anunciaba un comparativo de maxi-nakeds. Había la Aprilia Tuono, Z1000, S1000R y la Superduke. No había visto el nuevo modelo de Superduke, el 1290, y me encantó. Leí la comparativa muchas veces, hasta que decidí que quería verla en directo.

Dicho y hecho, me voy un día al concesionario KTM de Barcelona.
Madre mía. Es preciosa!! Y mucho más pequeña de lo que me imaginaba. Teniendo en cuenta que se trata de un cacharro de 1.300c.c. y casi 180cv…

Mi amigo Pepe me acompañó a verla y me vio tan absorbido por la Superduke que fue él mismo el que pidió cita para que me dejaran la unidad de prueba. Pepe se pidió la Adventure 1190… para no quedarse demasiado atrás

La perdición

Llegamos a la tienda el día concertado a las 10 de la mañana aproximadamente. Nos entregan los “juguetes” y nos vamos directos a la autovía, para alejarnos de Barcelona en busca de carreteras donde podamos ver qué tal se comporta el bicho. Recuerdo que era un día lluvioso y gris, con el suelo mojado.

Nos entregaron las KTM con el modo “lluvia” activado… por si las moscas. Nada más salir de la tienda, al llegar al primer semáforo, ya le dije a Pepe que yo quería esa moto. Nos pasamos la mañana dando gas a las motos hasta que vimos que se nos hacía tarde. A las 13h teníamos que devolver las motos y ya nos pillaba el toro. Pepe dio rienda suelta y abrió gas con fuerza en la autopista. Él llevaba la Superduke y yo la Adventure. Recuerdo ver algo por el rabillo del ojo. Algo que corría mucho. Yo ya iba a más de 120km/h, pero él me adelantó como si estuviera parado. Eso es una auténtica BESTIA, pensé.

Llegamos a la tienda unos 30 minutos tarde. Ya no había nadie. Solo el dueño esperándonos. A mi me daba igual la cara de pocos amigos con la que nos miró al llegar, porque le iba a pedir una Superduke para mí, así que seguro que le cambiaría la cara.

Una bestia en casa

Al cabo de un par de semanas, la fui a buscar. Ese día pedí fiesta en el trabajo para poder dar vueltas con ella sin parar. Me acompañó mi amigo Toni con su estupenda, aunque algo renqueante, Honda Deauville.
No sé por qué razón suelo comprar motos cuando llega el invierno. Siempre las estreno con frío y las carreteras en mal estado. Bueno, supongo que me viene bien para hacer el rodaje.

Al principio me costaba entender como una moto podía acelerar y frenar tanto y pesar tan poco. O esa era la sensación que me daba.
El increíble par motor, me catapultaba de curva en curva casi sin darme cuenta. Y allí llegaron los problemas… Salidas en grupo donde nos “calentamos” demasiado. Allí vi que con la Superduke, las rectas eran menos largas que con cualquier otra moto que hubiera llevado… y llegaron los sustos. Nunca me caí con ella, pero decidí que la usaría más en circuito que en carretera.

Y así fue.
A partir de septiembre de 2015, entré con ella en el circuito de Calafat 3 veces. Una experiencia bestial, como la KTM.

Bye Bye

A finales de año la vendí porque en carretera iba demasiado bien y pensé que con el tiempo, o me acabaría cayendo, o perdería el carnet de conducir…
Aproveché que mi hermano se estaba mirando una moto para pedir 2. Por lo del 2×1, a ver si colaba… pero no coló…

 

Esta entrada tiene un comentario

  1. Que linda historia !! Un libro deberías escribir con la serie bellas fotografías ❤️

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